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Pandemia, Religión y Género. Una perspectiva desde las Intersecciones

Revista Nuestro Tiempo, Vol. 19, julio – diciembre 2020, páginas 4-9
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Brenda García
Licenciada en Teología. Catedrática de la Universidad Luterana Salvadoreña[email protected]

“Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos, sino que desnuda las almas y el espectáculo suele ser horroroso”

La peste, Albert Camus.

Esta frase se encuentra casi al comienzo de la obra, La Peste, del filósofo francés, Albert Camus. Y ha cobrado vida en los últimos meses. Miles de lectores han vuelto a releer sus páginas o la han leído por primera vez, por deseo literario, busca de sentido, ya que la obra insta tanto a preguntas vivenciales como existenciales, por curiosidad o simple morbo. Y es que, en todos los medios de comunicación, ya sea escritos o digitales, en las conversaciones familiares, académicas, religiosas o de amigos, en los últimos meses no se habla de otra cosa que no sea la pandemia del covid 19. Una pandemia, que, sin mucho ruido, sin esperarlo, está cambiando abruptamente, la forma de trabajar, pensar, sentir y vivir de la humanidad entera.

Hasta la fecha se totalizan miles de víctimas mortales, millones más de contagios, y siguen ascendiendo las estadísticas en todos los países del mundo. Aunque algunos ya pasaron las etapas críticas todavía adolecen la pandemia y, otros países como el nuestro. El Salvador, estamos apenas en el ojo del huracán.

Pero la pandemia del covid 19, no es la única pandemia que nos azota. Y es aquí donde hace sentido y se vuelve universal, la metáfora literaria de Camus, “Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos, sino que desnuda las almas y el espectáculo suele ser horroroso”. (Camús, 1947). El covid 19 ha evidenciado otras pandemias, no de tipo biológico, sino de tipo social, de las que no se ven o no se quieren ver, como afirmara, Víctor Hugo, en su obra, Los Miserables, “vivimos en una sociedad sombría” (Hugo, 2008). Que desvela gota a gota nuestra precaria realidad, y sale a la luz pública la violencia social, la pobreza, el desempleo, la endeble condición de los sistemas públicos de salud y justicia, el abuso psicológico, físico y sexual de niños y niñas, la violencia de género y los feminicidios. Por mencionar algunas.

ACERCAMIENTO HISTÓRICO TEOLÓGICO AL PAPEL DE LA RELIGIÓN EN LAS PANDEMIAS

El caso de la conquista de América y la praxis eclesial de la actualidad

Las religiones han caminado de la mano de la humanidad, sido partícipes de la construcción y el dinamismo de las sociedades. Según, el fenomenólogo de la religión, Mircea Eliade, en su obra, El tratado de las religiones, lo religioso está inscrito en la conciencia humana (Eliade, 1974).  Por lo tanto, el ser humano busca de continuo el asirse a una religión o religiones.

En el caso del territorio americano, bien o mal, somos herederos del cristianismo que arribó con los españoles en el tiempo de la conquista. Pero no solo arribaron nuevas costumbres, creencias, un nuevo Dios y su andamiaje religioso; también arribaron varias enfermedades epidémicas como la viruela, tifus, gripa, sarampión, lepra, tabardillo, entre otras. A lo largo de los siglos XVII y XVIII. (Calderón, 2013). Estas epidemias alteraron por completo la cotidianidad de las personas que habitaban el territorio, incluidos los españoles. Sin embargo, la peor parte corrió por cuenta de los indígenas, ya que miles de ellos murieron, porque su sistema inmunológico no estaba preparado para enfrentar estas nuevas enfermedades. En ese contexto de tragedia, caos, peligro de contagio y muerte Cabe preguntarse ¿Cómo fueron enfrentadas las epidemias desde el campo de lo religioso? ¿Qué papel jugó la religión y la institución eclesiástica?

El discurso inquisidor de los religiosos españoles

Se sabe según datos históricos que entre 1782 y 1850 se implantaron una serie de prácticas de higiene y salud pública que ayudaron a pensar las epidemias más desde el campo de la ciencia. (Calderón, 2013). Sin embargo, también se sabe que se manejó un discurso inquisidor y manipulador de parte de los religiosos españoles, o más bien dicho desde la institución eclesiástica que hacía énfasis en que las epidemias eran un castigo de Dios a la población indígena por su rebeldía e idolatría y hacía hincapié en la necesidad de mediadores o intercesores de los favores de Dios. (Meléndez, 1992). Y es necesario traer a memoria que ese discurso también se utilizó para justificar y legitimar las barbaries cometidas durante el periodo de la colonización, en viras de exterminar todo vestigio de la religiosidad indígena e imponer la nueva religión, el cristianismo. Desde esta perspectiva queda claro cómo se crean discursos religiosos y se instrumentaliza la religión para responder a los intereses de sectores, instituciones o personas en particular, aun en medio de situaciones delicadas y apremiantes de los seres humanos.

Desde este ejemplo histórico nos acercamos a la realidad salvadoreña actual, para conocer y analizar el papel de la religión y de las instituciones eclesiásticas.

¿Qué papel juega la religión y las instituciones eclesiásticas en El Salvador ante la actual coyuntura?

La sociedad salvadoreña es altamente religiosa, según una encuesta de la Universidad José Simeón Cañas (UCA). Más del 90% de la población se declara creyente de diferentes confesiones cristianas. Lo religioso está presente en la cotidianidad salvadoreña e influye proporcionalmente en la forma que las personas se desarrollan dentro de la sociedad.

En este sentido, la religión en nuestro país, El Salvador, se constituye como una posible y potente arma ideológica, política, coercitiva, de manipulación y adoctrinamiento que responde a intereses particulares. Y aquí radica lo alarmante de la situación. En los últimos tiempos en diversos países del mundo, y El Salvador, no es la excepción, se viene gestando una peligrosa y descarada instrumentalización desde el escenario político de la religión y de los discursos religiosos, por su capacidad de homogenización de masas, para legitimar liderazgos, personajes, gobiernos y políticas públicas. Ya bien lo expresaba, Nicolas Maquiavelo, en su obra El príncipe. Cuando hacía alusión, a las ventajas de gobernar a un pueblo religioso. (Maquiavelo, 2010). Por eso, al escenario político le interesa controlar la religión. Pero no cualquier religión ni cualquier discurso religioso. Sino aquellos que consigan unificación y brinden sentido de identidad, lo cual es fundamental. Ya que si se ataca la experiencia religiosa también se ataca la identidad de las personas.

Ahora bien, ¿Qué discurso/os religioso/os se manejan en la actual coyuntura pandémica? ¿A quiénes beneficia?

El discurso desde el poder: es el discurso que proviene desde la estructura de poder, la que controla y manipula los medios de comunicación y las políticas públicas. Superficialmente llama a la razón, está de la mano de las medidas sanitarias necesarias y como sello firma apelando a la fe de la población salvadoreña. El discurso desde el poder está a favor de los sectores favorecidos y las instituciones eclesiásticas, poco o nada dicen al respecto.

El discurso apocalíptico fatalista y meta histórico: Este discurso se maneja en los sectores religiosos fundamentalistas que leen la realidad, desde una lectura literal y fundamentalista de los eventos descritos en el libro de Apocalipsis. Interpretan la actual coyuntura como el principio de dolores, es decir, la antesala, una figura, una sombra de los juicios de la ira Dios a la humanidad cuyas características son enfermedades, desastres naturales, problemas en la economía e insensibilidad humana. Este discurso además de ser fatalista es cuestionable y reduccionista, porque lleva a muchos creyentes a orar por la salvación de los “elegidos de Dios”  y hace énfasis en la salvación del alma, después de la muerte o de la “segunda” venida de Jesucristo.

El discurso apocalíptico de renovación y esperanza: este discurso valora la literatura apocalíptica del libro de Apocalipsis desde su sentido histórico en la realidad pandémica actual e imagina una realidad diferente en medio de la hecatombe. Anuncia cielo y tierra nuevos, la renovación de la tierra, de los seres humanos, cambios de conducta, re valorización de la vida etc. Valiéndose de elementos y códigos propios de la literatura apocalíptica denuncia la apostasía, la maldad de lo creado, y anuncia la vindicación de la autoridad de Dios sobre todo reino (Reino eterno) en un plano histórico. (Stam, 1998).

El discurso desde la praxis liberadora de Jesús, el de los menos favorecidos: como se mencionó al inicio de este escrito, las pandemias no afectan por igual a todas las personas y dejan al descubierto las grandes desigualdades sociales.  Esto ha llevado a formular un discurso desde la mirada del evangelio, desde la praxis de Jesús, que adquiere en sí mismo una importante e insustituible dimensión política y social, que hace una fuerte crítica a la respuesta y disposiciones tomadas para afrontar la crisis sanitaria. En el sentido que se vuelven problemáticas e inciertas ya que no se ajustan a las diversas realidades de la población salvadoreña. Este discurso es la voz de las mayorías, de los grandes vulnerados de la historia, de los menos favorecidos, de los más afectados, de los pobres de los pobres. (Gutierrez, 1986). Por ejemplo: aquellos/as que deben salir a trabajar exponiéndose al riesgo de contagiar o ser contagiados, a quienes les despidieron o le disminuyeron el salario, los/las que sus negocios quebraron, los/ las estudiantes que no poseen internet para seguir sus programas de estudio, los adultos mayores reducidos a la completa dependencia que familiares y vecinos puedan llevarles el sustento, los niños y niñas víctimas de abuso sexual por sus mismos familiares, las mujeres que sufren violencia de género en todas sus dimensiones.

Este discurso, recupera la misión profética de las iglesias y se constituye como luz en el camino, que lleva no solo a tejer la vida con fe si no a rebelarse en contra de políticas hegemónicas de muerte, para transformar y llenar de esperanza la realidad de todas las personas, a ejemplo de Jesús.

De este último discurso, partiré para un acercamiento específico a uno de los grupos más afectados por la situación pandémica actual. Las mujeres.

La violencia, la pandemia más antigua que sufren las mujeres

Para nadie es un secreto que la configuración histórica de las sociedades está envuelta en un mandato kyriocentrico, cuya bandera hoy en día es la globalización y su lógica es la del mercado neoliberal. (Fiorenza, 2012). Que manda el hacer, pensar, sentir y ser de las personas; alimenta las desigualdades sociales; permite el control y asume el dominio sobre la vida y la muerte; además, instrumentaliza la religión a beneplácito de quienes ostentan el poder.

El contexto salvadoreño, se ha caracterizado por ser un contexto violento, probablemente porque la violencia misma ha sido la experiencia de vida desde hace mucho tiempo. En la actualidad las medidas de protección ante la crisis sanitaria del covid 19 se han convertido en un arma de doble filo especialmente para las mujeres. El confinamiento obligatorio y casi total lleva implícito un enorme riesgo y diversas desventajas. Han reforzado la probabilidad de ser víctimas de violencia en todas las dimensiones. Por ejemplo:

Violencia y familia: la violencia en el seno familiar ha cobrado innumerables víctimas a lo largo de la historia, niñas, adolescentes, mujeres golpeadas, maltratadas, abusadas sexualmente y muertas dentro de sus propias casas. En este tiempo de emergencia las denuncias por violencia hacia las mujeres han incrementado. El confinamiento ha dejado a las víctimas a merced de sus victimarios, en muchos casos de sus mismas parejas o familiares. Las estadísticas han aumentado en un 70% y hasta la fecha se registran 13 feminicidios en todo el país (Ramirez, 2020).

Violencia, educación y trabajo: la cultura salvadoreña es heredera de un modelo pedagógico autoritario, que enfatiza la superioridad de unos sobre otros. Esta realidad marca de manera contundente desigualdades, entre ellas la de género. Al reproducir patrones culturales y sociales que justifican y les atribuyen únicamente a las mujeres las tareas domésticas, también se está educando para la violencia. El confinamiento ha incrementado al triple las actividades de la mayoría de mujeres, quienes aparte de tener responsabilidades educativas, laborales home office, en el mejor de los casos, tienen que atender las tareas domésticas, y del cuidado de los familiares, hijos, padres etc. Y en el caso de muchas madres que forman parte del sector informal, y son responsables de sus hogares, y valga decir, son la mayoría en nuestro país, han visto mermados por completo los ingresos y con ello la posibilidad de subsistencia digna para ellas y sus familiares.

Violencia e iglesia: Se ha insistido mucho en “el retorno” a la iglesia doméstica, tanto que vale la pena reflexionar si la dinámica familiar ha logrado acomodarse sin reparos a las medidas de confinamiento, favoreciendo la salud integral de todos los miembros. La transformación del culto a entornos virtuales ha solventado la necesidad de religación de muchas personas. Sin embargo, no de una forma equitativa. En el caso de la iglesia doméstica, las menos favorecidas son las mujeres, quienes tienen que encontrar el tiempo dentro de tantas actividades para ser parte de esta nueva forma de ser iglesia.  Lo cual se justifica utilizando textos bíblicos fuera de contexto para legitimar la sujeción de las mujeres.

Otro punto interesante radica en la distribución de roles dentro de la iglesia. Por citar algunos ejemplos: ¿a cuántas mujeres se les permite predicar, tomar la palabra, ser anfitrionas de la plataforma virtual, ordenar los sacramentos como la eucaristía? El imaginario de muchos sectores religiosos es que son roles puramente masculinos. Como si el espíritu santo no repartiera dones a quien él quiere. Pero, este tipo de creencias deja a muchos hogares sin la posibilidad de ser parte de estas celebraciones, ya que muchos hogares salvadoreños carecen de la figura masculina. Esto y otras cosas convierten a la iglesia en cómplice de la violencia ejercida sobre las mujeres. A pesar, de que la coyuntura está dada para lograr modificar el esquema verticalista y misógino.

Violencia y sacrificio: el confinamiento como respuesta a la crisis sanitaria, ha incrementado de gran manera las actividades de las mujeres en los hogares salvadoreños. La cultura eminentemente patriarcal enseña a las mujeres a percibir el sacrificio como un don, de esta manera se les enseña a obedecer sin condiciones, sin reclamar por reciprocidad o libertad, a resistir maltratos, abusos y violencia, a aceptar papeles secundarios de una cultura de opresión bajo el imaginario que en el sacrificio radica la dignidad de las mujeres.

Violencia y cuerpo de las mujeres: la actual pandemia ha condenado a la mayoría de la población salvadoreña a penurias y a una lucha por la sobrevivencia. El desgaste físico, emocional, el sacrificio impuesto, y hasta la muerte rondan la vida de las mujeres mientras ellas ruegan por una alternativa de vida.

En fin, ¿Cuál debería ser el rol de la religión y de las instituciones eclesiásticas en la coyuntura actual?

  • Se debe priorizar la didaje, diaconía y koinonia en detrimento del kerigma, cuando este esta permeado por discursos misóginos, excluyentes y violentos. La mayor parte de sectores religiosos que han tomado medidas para seguir existiendo dentro de la pandemia se han contentado por utilizar las redes sociales o plataformas de video conferencias para llevar mensajes verbales a los feligreses, que se difunden a todo el mundo, hasta el punto de saturar “el mercado religioso”. Hay un exceso de contenidos discursivos… Y si algo ha proliferado en la respuesta religiosa a la crisis de la pandemia son estos discursos. ¡El discurso no resuelve el vacío de educación, de servicio y comunión!
  • La necesidad de democratización y horizontalización de las instituciones eclesiásticas: las respuestas religiosas ha sido producto de la necesidad, Las personas que tienen alguna habilidad para realizar acciones oportunas son tomadas en cuenta, dejando casi inválido el rango eclesial.
  • La priorización de acciones: diakonía versus financiación de los proyectos (diezmos, ofrendas):  la identidad empresarial y gerencial de muchas agrupaciones religiosas en la actualidad les ha llevado a generar grandes presupuestos que necesitan financiación permanente.  Fue notorio en el inicio de las medidas de restricción, como agrupaciones con esta característica se oponían a dejarse de reunir, argumentado razones bíblicas para ello. Debe recordarse la proliferación de pequeñas iglesias independientes, cuyo liderazgo “vive por fe” y en esta coyuntura, cuando no hay asambleas, es difícil conseguir fondos para sufragar sus gastos y los de su familia (entre los pobres hay hoy miles de familias pastorales en toda Latinoamérica).
  • Se espera que con el pasar de los días y meses la iglesia pueda repensar su identidad, su propósito y acciones fincados en el carácter amoroso de Jesús el Cristo.

Camus concluye en su obra, la peste, “todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo”. (Camús, 1947). Sin embargo, más allá de la experiencia y el recuerdo. Estamos llamados como humanidad a un cambio cualitativo y consistente que nos lleve a mejores conductas y formas de relacionarnos con los demás seres vivientes y la creación. De lo contrario vamos pendiente abajo, cada vez más cerca del abismo.

Bibliografía

Calderón, S. M. (2013). Las epidemias en la Nueva Granada: castigo de Dios y conjura de los Santos. 1782-1850. Una aproximación al imaginario religioso. Bogotá, Colombia: Universidad de los Andes.

Camús, A. (1947). La peste. España: Edhasa.

Eliade, M. (1974). Tratado de las religiones II. Madrid: Ediciones Cristiandad.

Fiorenza, E. S. (2012). Poder, Diversidad y Religion. San Jose, Costa Rica: SEBILA.

Gutierrez, G. (1986). Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente.

Hugo, V. (2008). Los miserables . España: Planeta.

Maquiavelo, N. (2010). El principe . España: Alianza Editorial .

Meléndez, G. (1992). Sentido historico del V centenario ( 1492-1992). San Jose, Costa Rica: DEI.

Ramirez, N. (Abril de 2020). Alarmante aumento de feminicidios en El Salvador durante cuarentena, denuncian organizaciones. Obtenido de ARPAS: https://arpas.org.sv/2020/04/alarmante-aumento-de-feminicidios-en-el-salvador-durante-cuarentena-denuncian-organizaciones/

Stam, J. (1998). Las Señales de los Tiempos y el Tercer Milenio. Argentina: Kairos.

 

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Referencias Bibliográficas

  1. Calderón, S. M. (2013). Las epidemias en la Nueva Granada: castigo de Dios y conjura de los Santos. 1782-1850. Una aproximación al imaginario religioso. Bogotá, Colombia: Universidad de los Andes.
  2. Camús, A. (1947). La peste. España: Edhasa.
  3. Eliade, M. (1974). Tratado de las religiones II. Madrid: Ediciones Cristiandad.
  4. Fiorenza, E. S. (2012). Poder, Diversidad y Religion. San Jose, Costa Rica: SEBILA.
  5. Gutierrez, G. (1986). Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente.
  6. Hugo, V. (2008). Los miserables . España: Planeta.
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  8. Meléndez, G. (1992). Sentido historico del V centenario ( 1492-1992). San Jose, Costa Rica: DEI.
  9. Ramirez, N. (Abril de 2020). Alarmante aumento de feminicidios en El Salvador durante cuarentena, denuncian organizaciones. Obtenido de ARPAS: https://arpas.org.sv/2020/04/alarmante-aumento-de-feminicidios-en-el-salvador-durante-cuarentena-denuncian-organizaciones/
  10. Stam, J. (1998). Las Señales de los Tiempos y el Tercer Milenio. Argentina: Kairos.

 

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Garcia, B. (2020). Pandemia, Religión y Género. Una perspectiva desde las intersecciones, Revista Nuestro Tiempo,  Vol. 19 (julio-diciembre), pp. 4-9